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jueves, 14 de abril de 2011

2º fragmento dela vida de Juanin

Me llevó con ella para Madrid de mozo de compañía me puso en una habitación contigua a la de ella. Era una amplia habitación con un gran ventanal adornado con una cortina de terciopelo en tonos dorados, la cama era muy grande yo nunca había visto nada igual tenía un mullido colchón hecho de lana bien vareada cada dos meses, unas sabanas blancas de lino adornadas con unas puntillas de encaje de bolillos, que me cambiaban a diario, un cobertor de lana del Val de San Lorenzo y todo cubierto con una colcha a juego con las cortinas, también había un gran ropero para guardar la ropa , una cómoda y una mesa con dos sillas donde desayunábamos muchos días la señora y yo. Semejante habitación yo ni en sueños me la hubiera imaginado.
A día siguiente de nuestra llegada me llevó a un sastre amigo de ella y me hizo media docena de trajes que con mi porte parecía un príncipe. Yo sólo tenía que atender a todos sus requiebros y mimos como yo no había estado en tal situación déjeme llevar por ella, también se empeño en enseñarme modales y algo de cultura que tenía medio olvidada pero como yo era despierto y con ganas de aprender puse mucho empeño en ello y aprendí deprisa todo lo que me enseñaba.
Se compró un coche y para no llamar la atención me enseñó a conducir, por lo que pasaba por conductor particular, así la acompañaba a todos los sitios. En el otoño hicimos pequeños viajes por las ciudades cercanas a Madrid para que yo cogiera confianza con el coche y así me fue introduciendo poco a poco en un ambiente más civilizado al que yo no estaba acostumbrado.
Por la primavera organizo un viaje al Roció con sus amigos yo le acompañe en calidad de chofer hasta que nos unimos al grupo. Unos de los amigos eran un matrimonio de la edad de la marquesa, eran de Huelva por lo que habían echo el camino casi toda la vida. Habían llevado unas carretas para las damas y caballos para los caballeros el resto que éramos los criados íbamos andando al cuidado de nuestros respectivos amos. Yo caminaba cerca de la marquesa por si necesitaba algo pero por la noche tenía que ocupar un lugar debajo de la carreta de mi señora como el resto de la servidumbre. Sólo las mujeres de servicio compartían una carreta que era la ocupada por el utillaje del viaje. Al principio sin que nadie nos viera aun me robaba algún beso pero según nos acercábamos al santuario empezó a decirme que lo nuestro era pecado que teníamos que dejarlo que éramos de distinta clase social y ella era una viuda. Los dos últimos días casi no me dirigió la palabra yo ya había aceptado que mi situación estaba empeorando, pero mientras fuera el chofer seguía estando mejor que antes de conocerla. Tras la llegada al santuario y la marcha nos dirigimos a Cáceres a descansar íbamos los dos solos en el coche a ella le gustaba mandar al resto del servicio en tren para que la precediera en los viajes y así encontrarlo todo preparado para su llegada, además desde nuestra relación ella disfrutaba de los viajes en mi compañía. Allí éramos una pareja que no tenía que disimular la relación y ella se sentía cómoda. Ese día el viaje para mi era un poco violento no sabía como tratarla por lo que decidí mantenerme en silencio todo el camino. Ella había pensado comer en una posada que había a la mitad del camino donde comíamos otras veces que pasábamos por esa ruta. Yo notaba que estaba muy reservada e incluso diría que algo triste pero no sabía como comportarme como había estado tan distante en la última parte del camino tenía miedo a empeorar las cosas entre nosotros. Al pasar por la plaza de un pueblo donde había una gran fuente se me ocurrió parar el coche y ofrecerle agua fresca así tenía la ocasión de dirigirme a ella sin violentarla, Cuando me acerque a ella con un vaso de agua fresca ella me sonrió a lo que yo no tarde en corresponderle con un gran abrazo y un sonoro beso en la mejilla lo que a ella le valió una fuerte carcajada. Me dijo que no quería alejarse de mi que por eso estaba muy triste como yo había estado todo el viaje callado ella había pensado que no quería saber nadad de ella. En el Rocío había tenido miedo de que algún amigo sospechara algo, y además se había sentido un poco confusa con el ambiente tan místico vivido en la peregrinación, pero al fin ella era viuda y yo soltero por lo que no teníamos que rendir cuentas a nadie. Al llegar a su casa en Cáceres nos instalamos en la habitación de ella, como en la casa todo el mundo sabía de nuestra relación no teníamos que mentir a nadie que por otra parte más cuenta les tenía a los trabajadores oír, ver y callar. Por lo que nos sentíamos felices todos los días juntos. Esas semanas en Cáceres las dedicamos a poner al día los asuntos de la finca. Yo como había trabajado y conocía bien el terreno le aconsejaba sobre todo con respecto a la mejora de las condiciones de los trabajadores que no les faltara alimento, yo que tanta hambre había pasado.
A mediados de junio nos marchamos para Madrid para organizar el viaje de todos los años a San Sebastián donde se uniría a nosotros el hijo de la marquesa.
Salimos de viaje dos semanas después, los dos en el coche, unos días antes nos habían precedido el ama de llaves y una doncella para preparar la casa para la llegada, el resto del personal era el de otros años de la zona. El día era propicio para el viaje pues estaba nublado y no hacía calor por lo que el viaje resultaba placentero, mas yo notaba que ella cada vez estaba más triste y reservada. No lograba animarla con mi conversación y poco antes de nuestra llegada me pareció ver una lágrima en sus preciosos ojos azules. Busqué un lugar apartado de la carretera, me metí en un camino de paso de animales, me bajé del coche y fui a estrecharla entre mis brazos lo que conseguí que ella se derrumbara y comenzara a llorar copiosamente. Le ofrecí mi pañuelo para que se limpiara. Me dijo:
- En San Sebastián tenemos que estar separados, yo tengo que guardar las formas y más con la llegada de mi hijo al que no quiero poner sobre aviso de nuestros líos amorosos, él piensa que sigo queriendo al marques, mi hijo estaba muy unido y no ha superado su muerte.
Mas la realidad era bien distinta.
Ella era hija única, su padre era un rico industrial. Su madre había soñado para ella una gran boda, con alguien de una posición social más elevada y sus desvelos fueron encaminados en ese asunto. No tardo mucho en contactar con la familia del marques que si tenían titulo pero escasos bienes. El difunto marques no había cesado en gastar todo su patrimonio, por lo que el actual marques no tenía fortuna. A su padre enseguida le callo bien el pretendiente. Supo ver en él un talento especial para los negocios así como un don especial para las buenas inversiones por lo que enseguida se hicieron inseparables, ella se vio casada con solo diecisiete años con un hombre de cuarenta. Al principio las cosas fueron bien entre ellos pero la diferencia de edad y que ella no estaba preparada para el matrimonio y mucho menos para la llegada del niño. Mientras sus amigas estaban pensando en divertirse, ella tenía que hacerse cargo de un bebe lo que la llegó a ahogar. Su marido se pasaba los días fuera de casa, llegaba a casa a dormir después de la medía noche. Al principio le decía que había estado trabajando, pero más tarde se enteró que además del trabajo frecuentaba la compañía de otras mujeres. Ella pasó muchos años esperándolo, en los que se le marchó la juventud, hasta que descubrió que él no le iba a hacer caso.
En unas vacaciones en San Sebastián conoció a un hombre unos años más mayor que ella que la hizo enloquecer, ella que no estaba enseñada a los galanteos, él que era un conquistador que sabía como ganarse a las mujeres no le resulto fácil que cayera en sus brazos, en los que por cierto conoció el amor. La pena es que él nunca la quiso, solo la utilizó, cuando lo consiguió la chantajeó con decírselo a su marido si no le daba una importante suma de dinero. Menos mal que con el dinero que le dio se compró un coche, en el cual se estrelló en Biarritz, delante de otra posible victima, lo que le evitó que la volviese a chantajear otra vez. Desde aquella vez solo se relaciona con chicos del servicio a los que deja cuando ve que peligra su reputación.
Eso me dejó muy triste pues ahora era yo el que ocupaba ese lugar, me prometí a mi mismo que tenía que estar preparado para cuando eso aconteciese. Una hora más tarde llegamos a San Sebastián. A mí me acomodaron en una habitación que había en la primera planta un poco alejada, situada cerca del almacén. Ella ocupaba el dormitorio principal, en la segunda planta juntó a una pequeña sala en la que tenía sus aficiones, la música, la pintura y el bordado.
La primera semana compartimos el dormitorio principal. Yo me iba para con ella cuando todo el mundo dormía y me levantaba pronto para que nadie nos viera, mas a la segunda semana de improviso se presentó el hijo adelantando el viaje una semana.
Yo me convertí en el chofer personal del hijo por las noches que era cuando él salía y alternaba por todos los locales de fiesta de la ciudad. Pronto descubrí que tenía un don especial para meterse en líos, sobre todo relacionados con mujeres. Tenía una gran predilección por las mujeres casadas de todas las condiciones sociales. Un día me mandó que lo siguiese por el casco antiguo a él, un poco bebido y a una mujer. Los seguí hasta un portal en el cual él me hizo señas de que le esperase. Me recosté en el asiento del coche por ver si podía dar una cabezada, y poder descansar un rato, pensando en que igual tenía que pasar allí la noche. Apenas había cerrado los ojos y estando un poco en duermevela, oí un gemido. Al abrir los ojos para comprobar de donde venía, vi un bulto en el suelo, al fijarme mejor vi que era un hombre tirado en medio de la acera. Pensando en que era un borracho no quise salir, no me fuera a meter en un lío. Pronto comprendí, que lo que le pasaba era que estaba aquejado de fuertes dolores en el vientre. Me acerqué para ver como le podía ayudar. Él me dijo que fuera a buscar a su esposa que vivía en el segundo piso del portal por el que había entrado el joven marques. Subí en busca de la esposa pensando en que la iba a dar un susto, pero el susto lo llevé yo, pues la que me abrió la puerta era la mujer que acababa de subir con mi amo un rato antes. Me abrió con una bata en la que se transparentaba todo su cuerpo desnudo, muy sugerente por cierto lo que alabé el gusto del marques. Bajó conmigo rogándome que no le dijera nada a su marido, cosa que yo no iba a hacer, pues ya él tenía de sobra. Mi amo me mando que le llevara a la casa de socorro en el coche, que él iba para casa andando.
A mediados de agosto llego un día a mi habitación con una herida poco profunda en un brazo, me mandó ir en busca de un médico amigo de la familia, y que lo llevara hasta mi cuarto donde él le esperaría para que le curase el brazo. A la media hora ya estaba yo de regreso con el medico, al que introduje en la casa por la puerta del garaje para que nadie sospechara nada. Una vez curado me mandó que le preparase la maleta con la ropa de él, y que preparase el coche para salir de viaje antes del amanecer. Salimos de viaje con destino a Bilbao, donde llegamos pasadas las once de la mañana, me dijo que le llevara al puerto, donde tomó el primer barco que salía, que era uno con destino a Portsmouth.
Yo regresé a casa y le conté a la marquesa todo menos la herida en el brazo, pues no quería asustarla.
A los pocos días oí que en casa de un conde importante había habido un incidente con una persona que había resultado herida al saltar la tapia seguramente intentando robar. Yo sabía que ese herido era el hijo de la marquesa, pero estaba seguro que no era del todo cierta la noticia, pues el marques era un cabra loca pero no era un ladrón.
Un día quiso la casualidad que me encontrase en una fiesta con el chofer del conde del incidente. Yo como sabía de la afición al alcohol del buen hombre le invité a beber una botella de buen vino que tenía en el coche para la marquesa y para mí, al poco rato obtuve toda la información que yo quería.
El viejo conde había descubierto a la joven condesa en actitud comprometida con un joven en la habitación, el joven había saltado por la ventana antes de que el conde lo hubiese podido ver. En la huida fue descubierto por el guardia de seguridad que pensando en que era un ladrón no tuvo reparos en disparar, supieron que marcho herido pues al día siguiente había unas manchas de sangre junto al muro por el que saltó. Se sospechaba del marques por la rápida partida, pero no había indicios pues la condesa había negado todo y en un valle de lagrimas le había jurado, y perjurado que ella no sabía nada, había aducido que sufrió un fuerte dolor de cabeza, para el cual había tonado una fuerte medicación, que la había mantenido medio inconsciente toda la noche. El conde la había creído, pero ellos sabían que estaba liada con alguien pues la sirvienta les había oído llegar.
Yo para que el buen nombre de mi señora no se viese envuelto en el escándalo y evitarle disgustos, le dije que el joven marques había reñido con la señora marquesa y había marchado con destino a Paris.
Las dos semanas que nos restaban de las vacaciones las pasamos tranquilamente los dos juntos haciendo pequeños viajes por la zona.

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