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domingo, 7 de agosto de 2011

7º fragmento de La vida de Juanin

Un grupo de moros me dijeron, que se podía uno apuntar a la legión, que se cobraba un sueldo y te daban de comer una vez al día. No supe cómo, pero cuando tuve noción, estaba en la legión con un fusil haciendo instrucción, como no hablaba con nadie por el dolor que tenía, me empezaron a llamar el mudo Mohamed, por lo que dejé que pensaran eso de mí, no quería más que me dejaran en paz. Así, llegó el 5 de agosto de 1936 y estaba en un avión camino de España cruzando el estrecho, como la guardia mora de Franco. Hacía una guerra que no quería, no entendía, ni sabía porqué, solo sabía que quería morir pues vivir sin Zoraida no sabía.
Crucé toda España luchando en la guerra, matando, disparando y dejándome matar, pero no sé, si alguna de las tres cosas hice bien, matar no sé, disparar creo que sí, matarme no.
Cuando ya la cosa estaba medio sentenciada, en la batalla del Ebro casi consiguen lo último, pues estalló un obús cerca de donde estábamos. Me llenó la cara de metralla, en la pierna también me hirió y me quede sin sentido del dolor que tenia. Después de estar todo el día tirado en el campo perdiendo sangre, creyendo que me moría. Vino Zoraida a mi lado para darme fuerzas y pedir que siguiera viviendo por ella, que así, era feliz donde estaba.
Eso me mantuvo con fuerzas, al anochecer cuando llegaron los de la Cruz Roja aún estaba vivo, eso sí muy débil, por la perdida de sangre, me llevaron hasta el hospital donde me lavaron, curaron las heridas, me dejaron descansar en una cama y me dieron un poco de caldo. Pasé dos días dormido y al tercer día me desperté rodeado de heridos. Al intentar incorporarme todo me dio vueltas, pasado un rato sentí la voz del compañero de la otra cama que me hablaba en castellano estaba tan aturdido que no logré conseguir pronunciar palabra , quiso la casualidad que pasó por allí una enfermera, que le dijo a mi compañero que no insistiera que era moro, que no entendía el castellano. Entonces recordé cuál era mi situación y me mantuve callado. Al día siguiente ya pude incorporarme, levantarme un poco a dar un pequeño paseo, pues la herida de la pierna sin ser peligrosa me tiraba bastante. También me entere que la batalla del Ebro la habíamos ganado.
Mi compañero, de la cama de al lado, que estaba un poco más débil que yo, lo que me permitió ayudarle en los días siguientes entablando con el un lazo de amistad. Él muy agradecido y valiéndose de que yo no entendía ni hablaba y la necesidad de él de descargar su conciencia me contó toda su vida. La casualidad quiso que fuéramos los dos de León, de la montaña, de dos pequeños pueblos muy próximos entre los que solo había 5 km de distancia. Cuando me dijo el nombre de su padre me vino a la memoria pues era un indiano que había echo fortuna en América y se había casado con la hija de unos comerciantes que también tenían gran fortuna, es decir todo lo contrario de mí.
También me contó o vomitó, pues el día que me lo contó acabó vaciando el estómago todas las tropelías que se había visto obligado a hacer en la guerra.
Se llamaba José Cordera había empezado la guerra emulando las hazañas de sus dos hermanos mayores que eran falangistas, saqueando a todos los vecinos , que eran rojos , les tenían manía, se habían enfrentado con ellos o simplemente les caían mal. Así sembraron el terror en la zona y por sus hazañas fueron encabezando las listas de la falange hasta llegar a ser unos de los jefes de la provincia. Los dos hermanos murieron al principio de la guerra y el que no se había distinguido tanto en la falange le pillo la guerra en el servicio militar lo que le valió para hacer una gran carrera militar, llegando a ser capitán en la actualidad, tras haber luchado en los frentes de Brunete, Madrid y la batalla del Ebro, donde había sido herido casualmente igual que yo en la cara en la zona del ojo y en la pierna izquierda como yo, pero no solo eran esas las casualidades, también se parecía a mi como si fuéramos hermanos , un día en broma me dijo:
_ si no fuera porque eres moro y mi padre jamás ha estado en África juraría que éramos hermanos gemelos, o al menos hijos del mismo padre y madre.

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